En las fronteras de la longevidad

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Los países se enfrentan al importante reto de garantizar que sus sistemas de salud y de asistencia social se adecuen al cambio demográfico de la longevidad. Para el año 2050 el 80% de las personas mayores vivirá en países de ingresos bajos y medianos.

Como resultado de una veloz reducción de la mortalidad en todos los países, incluyendo aquellos de ingresos bajos y medios, y la alta tasa de natalidad en las dos décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, alrededor de 810 millones de personas tienen 60 y más años. Cada segundo, dos personas en el mundo celebran su 65 cumpleaños. Los grupos poblacionales, y concretamente aquellos de 80 y más años, están creciendo proporcionalmente más rápido que cualquier otro grupo etario. Aunque todavía representan una minoría de la población, se estima que para el año 2025, la cantidad de personas con más de 60 años alcanzará los 1.200 millones, y para el año 2050 llegará a los 2.000 millones. (ILC, 2015).

El ritmo de envejecimiento de la población es mucho más rápido que en el pasado, destacándose América Latina por el crecimiento más elevado de la población adulta con relación a las diferentes regiones del mundo durante los últimos sesenta años.
Todos los países se enfrentan a retos importantes para garantizar que sus sistemas de salud y de asistencia social estén preparados para afrontar ese cambio demográfico, con la trascendencia de que se estima que en el año 2050 el 80% de las personas mayores vivirá en países de ingresos bajos y medianos. (OMS, 2022).

El periodo de la vejez y longevidad, entendidos como etapa vital a partir de los 60 y 80 años respectivamente, puede desarrollarse con un transcurso saludable de optimización de las capacidades para mantener y mejorar la salud tanto física como mental, con independencia y calidad de vida. Para lograrlo es necesario elaborar respuestas desde la salud pública a los desafíos que se aproximan.

Las principales causas de muerte y pérdidas en salud en la vejez y en la región de las Américas son la enfermedad isquémica del corazón, el accidente cerebro vascular y las demencias (OPS, 2021). La carga de las enfermedades cardiovasculares continúa aumentando durante cada década en la mayoría de los países y en cuanto a las demencias, cada año hay casi diez millones de casos nuevos. Más del 60% viven en países de ingreso mediano y bajo. En 2019, la demencia tuvo un costo para las economías de todo el mundo de US $1,3 billones, el 50% de los gastos es atribuible a la atención que brindan los cuidadores informales (familiares y amigos), los cuales dedican unas cinco horas diarias a labores de atención. (OMS, 2023).

Estas enfermedades son de primera magnitud por frecuencia, necesidad de recursos y cuidados. Anuncian la necesidad de afrontar de forma eficiente la carga creciente de estas enfermedades en los próximos años, con unos recursos previsiblemente escasos.

Los servicios de atención integrada y atención primaria de salud centrados en la persona permiten actuar sobre la prevención de las enfermedades no transmisibles características de esta población. El modelo alimentario industrial y la falta de actividad física como hábito de vida en un mundo que impone la sobrecarga horaria laboral, son dos de los más importantes factores de riesgo de las cinco enfermedades no transmisibles prevalentes: las cardiopatías, los accidentes cerebrovasculares, el cáncer, las enfermedades respiratorias crónicas y la diabetes. El 80% de las enfermedades cardiovasculares, los accidentes cerebrovasculares, la diabetes tipo 2 y el 40% de los cánceres pueden prevenirse mediante el acceso a una alimentación saludable. (OMS, 2008).

El desafío de lograr un envejecimiento activo y saludable va a requerir de estrategias que mantengan y fomenten la capacidad funcional de las personas, que a su vez permite el bienestar en la vejez. La capacidad funcional de cada persona está determinada por la combinación de todas las capacidades físicas, mentales, y su relación con el entorno en el que vive, entendido en su sentido más amplio e incluyendo el entorno físico, social, político, y por las interacciones entre ambos.

La capacidad de aprender mejora en las personas mayores, así como las funciones intuitivas y automáticas debido a la generación de nuevas neuronas en el cerebro adulto, denominado neuroplasticidad. Se puede estimular la neuroplasticidad exponiéndose a nuevas experiencias educativas y el resultado es mayor si se intenta aprender habilidades de forma deliberada. (Vieira, 2014). Aprender es, por lo tanto, uno de los dominios clave de la capacidad funcional para lograr que las personas mayores puedan hacer las cosas que valoran por sí mismas.

Aunque parte de las variaciones en la salud de las personas mayores se deben a la genética y a los cambios biológicos, los factores que más influyen tienen que ver con el entorno físico y social, en particular la vivienda, la comunidad, así como características personales como el nivel socioeconómico. Una respuesta integral de salud pública debe atender las diferencias que existen en las condiciones de vida y necesidades en salud de las personas mayores, ya que estas no son una cuestión de azar sino debidas a los distintos entornos sociales y oportunidades que han tenido.

La esperanza de vida de los hombres está alcanzando a la de las mujeres en las regiones más desarrolladas, y hay una probabilidad de que, en las próximas décadas, se iguale el porcentaje de los hombres al de las mujeres en la vejez. La dificultad que se aproxima es que debido al aumento de la esperanza de vida y de la población mayor de 75 años, junto con el descenso de la fecundidad y la creciente participación de las mujeres en el mercado laboral implica para un futuro próximo, la disminución de la capacidad de brindar cuidados a los adultos mayores de la familia por parte del actor principal que ha desempeñado esta función históricamente: la mujer.

En los países de América Latina, que suman una situación de precariedad económica sin un sistema de salud público sólido ni servicios sociales presentes que garanticen calidad de vida a lo largo del proceso de envejecimiento, la situación se complejiza. La importancia de esta problemática radica en la necesidad de cuidados como un riesgo social, que requiere que los Estados de toda la región acepten el envejecimiento como prioridad en las políticas públicas.

Las personas mayores contribuyen de muchas formas a la comunidad, no obstante, el alcance de esas oportunidades y contribuciones depende en gran medida de un factor: la salud. Cuando las personas pueden vivir los años de la vejez con buena salud y en un entorno propicio, su capacidad para hacer lo que más valoran apenas se diferencia de la que tiene una persona más joven. En esos años de vida se pueden emprender nuevas actividades, como continuar los estudios, iniciar una nueva profesión o retomar antiguas aficiones. En cambio, si estos años están dominados por el declive de la capacidad física y mental, las implicaciones para las personas mayores y para la sociedad se vuelven desfavorables.

La esperanza de vida más larga es un logro con grandes beneficios para el desarrollo humano. La creciente población de mujeres y cada vez mayor cantidad de hombres longevos, son un recurso para las comunidades, la economía y la sociedad. La activa participación de las personas mayores en la sociedad y las habilidades en continuo aprendizaje, son necesarias para suplir la menor cantidad de adultos jóvenes. En consecuencia, es fundamental que se incluya a las personas mayores como objetivo en las políticas públicas de desarrollo humano.

Las nuevas generaciones de personas mayores, conforme a los cambios que ocurren en las sociedades, tendrán vidas más dinámicas y variadas, continuarán aprendiendo y habrá menos diferencias entre los grupos etarios.

Actuar sobre los determinantes sociales y económicos del envejecimiento reduce los riesgos a las enfermedades crónicas y a la dependencia. Se basa además en un enfoque de derechos descriptos en la Convención Interamericana para la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores con carácter de ley en la Argentina (ley N° 27.360) en la que se enfatiza en la concepción de las personas mayores como titulares de derechos y no como objetos de las políticas asistenciales. Los adultos mayores están en continua expansión demográfica y no se concibe un programa que prevea solo intervenciones asistenciales. Se imponen con urgencia operaciones de tipo educativo que permitan abrir nuevos caminos, en el marco de un proyecto de formación permanente de los hombres y mujeres a medida que se desarrollan y se hacen mayores.

El marco de todas las políticas de protección debe estar destinado a otorgar derechos de forma específica a la población de edad avanzada y en términos de seguridad de ingresos, entornos inclusivos y acceso a la salud. Ampliar el acceso a la salud mediante la coordinación de la atención integrada y centrada en la persona se pone en marcha por un continuo en la atención, implica integración dentro y entre los niveles y lugares de atención e incluye a los cuidados a largo plazo, con la generación de estándares de calidad del cuidado y foco en el alcance de la equidad territorial. Comprende evaluaciones de envejecimiento saludable, la participación de las personas mayores en la planificación del mismo y el rediseño en un único punto de entrada.

Para lograr abordar el cuidado en la vejez desde una forma integral es necesario integrar la intervención del Estado, de las familias, la comunidad y del mercado. La articulación de estos cuatro actores es primordial para dar servicios de calidad. Las organizaciones de la sociedad civil deben ejercer un rol activo para lograr profundizar las políticas tratando que el papel del mercado no sea el preponderante y quede librado a cada familia la solución de las necesidades. Solo con un Estado implementado las políticas desde la equidad social, pueden darse servicios de cuidado de calidad y llevarse a cabo la correcta regulación.

Uno de los temas centrales en las políticas de cuidado es promover el trabajo decente en la economía del cuidado y tiene como eje la ampliación de la oferta de servicios. Constituye un círculo virtuoso debido a que, a mayor oferta de servicios de cuidado se ofrecen más oportunidades laborales para quienes se dedican al cuidado en sus hogares como un trabajo no pago. Ampliar la oferta de servicios otorga mayor tiempo y oportunidades a las mujeres, comúnmente encargadas, para lograr insertarse en el mercado laboral con los beneficios de un ingreso laboral acorde y seguridad social. Para que ese potencial se convierta en un desarrollo económico, las condiciones deben ser las correctas, junto con capacitaciones y formación continua. El cuidado debería incluir dos tipos principales de garantías: la seguridad básica de los ingresos, mediante transferencias sociales y el acceso universal y asequibilidad a servicios sociales esenciales.

Los sistemas de protección social poseen una gran fuerza para garantizar de forma más justa niveles de vida estandarizados para toda la población. El papel del Estado toma un rol importante permitiendo ampliar de forma progresiva las garantías y equiparar a la sociedad con niveles de calidad para todos y todas.

 

Vanesa Rosales de la Quintana es médica egresada de la U.B.A. Especialista en medicina familiar. Especialista en envejecimiento activo y saludable de las personas mayores. UNDAV. Geriatría y Gerontología U.B.A.  Autora del libro “Consecuencias del modelo agroindustrial en la salud-agrotóxicos” (2022).
@drarosalesdelaquintana

 

Referencias

  • ILC-BRAZIL. (2015). Envejecimiento activo. Un marco político ante la revolución de la longevidad. Rio de Janeiro: International Longevity Centre Brazil. Escuela Andaluza de Salud Pública.
  • OMS. (2008). Prevención de las enfermedades no transmisibles.
  • OMS. (2022). Envejecimiento y salud. Disponible en: https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/ageing-and-health
  • OMS. (2023). Demencia. Disponible en: https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/dementia
  • OPS. (2021). Causas principales de mortalidad y pérdidas en salud de nivel regional, subregional y nacional en la Región de las Américas, 2000-2019.
  • Vieira, M. (2014). Neuroplasticidad: aspectos bioquímicos y neurofisiológicos. Disponible en: www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0120-87052014000100010