INSTITUCIONES DE SALUD MENTAL

Violencia institucional y violencia política

FOTOGRAFÍA: THEBUBBLE.COM

  • Twitter
  • Facebook

La violencia institucional afecta en su conjunto a los Trabajadores de la Salud y esto condiciona a la vez la calidad de asistencia a los pacientes. A través de estas dos premisas fundamentales, el doctor Daniel Ferioli muestra cómo en la actual sociedad el Estado moldea la salud mental a través de la violencia institucional y cómo los trabajadores crean espacios de resistencia.

“…El gran secreto del régimen monárquico y su principal interés, consiste en engañar a los hombres, /…para mantenerlos en la servidumbre, de tal modo que crean que luchan por su salvación cuando lo hacen por su esclavitud…”
Baruch de Spinoza, Tratado Teológico-político (Holanda, 1670)

Étienne de La Boétie proponía en Francia, hacia el siglo XVI, que hay casos de servidumbre voluntaria. Un siglo después, Spinoza se asombraba en Holanda, que incluso en ‘estados libres’, y no solo en regímenes monárquicos, los seres humanos luchasen por su esclavitud, como si se tratara de su libertad. Gilles Deleuze en el siglo XX, retomando lo que denominó ‘el grito de Wilhelm  Reich’ en su Psicología de las masas del fascismo, proponía que las masas en Europa no fueron engañadas, sino que desearon el fascismo. Se trate de una servidumbre voluntaria, de un deseo real, o de los frutos del engaño en plena democracia,  se propone que hay una violencia que desde el gobierno actual se ejerce en la población. Intentaremos situar esa violencia, que desde el campo social-político, se interioriza en las instituciones.

Mario Testa expresaba que “el poder es opaco” en su libro Pensar en Salud. Una de sus opacidades, consiste en ocultar la relación entre Política y Salud. Floreal  Ferrara remarcaba que el padecimiento es el “de un ser que es el reflejo de la realidad histórica y social en que vive”, y por tanto, “la expresión de la historia personal y social. Proponemos elucidar un tanto, la opacidad entre Política y Salud Mental, con un enfoque en sus Instituciones.

Las Instituciones suelen ser cajas de resonancia de lo que ocurre en el campo social. A veces son cajas de amplificación opresiva, y no solo de resonancia. Fernando Ulloa decía que contexto institucional y contexto social eran indisociables. Franco Basaglia, quien protagonizara la reforma psiquiátrica italiana, caracterizaba a las instituciones en que había una fuerte división entre ‘el poder y el no-poder’, como necesariamente “instituciones de la violencia”. Claro que esta suerte de ‘violencia basal institucional’, crece o decrece, según el campo social que se habite. Las instituciones también tienen la dosis propia de violencia, que se manifiesta cuando toma por objeto a sus integrantes, en lugar de favorecer el despliegue y la producción de subjetividad.

Un análisis de la violencia institucional, podría partir  de un breve análisis de las fuerzas del campo social-político-económico en que nuestras instituciones están inmersas. Es decir, ¿qué tipo de fuerza política está impactando en el campo social? En principio, se visualiza claramente una violencia de Mercado, que se efectúa también, a través de la >violencia de Estado. Puesto que el Estado neoliberal, al que asistimos asombrados en su retorno, se quiere representar a la Nación como una Empresa.

Las instituciones también tienen la dosis propia de violencia, que se manifiesta cuando toma por objeto a sus integrantes.

 

Proponemos pensar que el Mercado tomó por asalto al Estado, a través de sus funcionarios de turno, aunque haya sido por medio del mecanismo democrático electoral. Una especie de ‘defecto’ de las democracias representativas de cuestionable calidad institucional, en tanto democracias inacabadas en nuestros Estados Modernos en crisis. El peligro sería que la violencia de mercado tome totalmente al Estado: “En una sociedad regida por la violencia de Estado, la dificultad aumenta puesto que la violencia tiende a anular la capacidad de pensar y actuar”, decían René Kaes y Janine Puget.¿Hay antecedentes de algo así?

Kaes y Puget, en la anterior cita, se referían al período de la última dictadura militar. Pero en el gobierno neoliberal menemista de la década infame de los ‘90, tenemos un antecedente inmediato. Allí el engaño o fraude, tomó la forma de enunciados electoralistas como ‘revolución productiva’, ‘salariazo’, ‘no los voy a defraudar…’, para luego terminar confesando que si decía lo que realmente iba a hacer, no lo iban a votar. He ahí en ese engaño, un ejemplo de violencia política. Con sinceridad impune. Luego fue la carnada de la paridad cambiaria: de otro modo, continuó el engaño. Y anteriormente a ese alocado experimento de Estado, existió el juicio a las juntas militares genocidas, prometedor al principio, que terminara en las parlamentarias y democráticas leyes de obediencia debida y punto final, rematándose  todo con el indulto menemista posterior. Había pasado de todo, para que quedara en nada. Y se instaló la impunidad, con una violencia política que tenía detrás la amenaza de la violencia militar.

El Mercado y el Capitalismo financiero especulativo son violentos porque, entre otras cosas, funcionan con la lógica de una máquina de guerra. Lo opuesto al funcionamiento del Aparato de Estado, en la perspectiva de Gilles Deleuze. Proponen la guerra, como las guerras entre empresas. Proponen también, una especie de ‘guerra civil’ entre ciudadanos. Contienen, por tanto, mecanismos destructivos.

“…si el capitalismo ha mantenido la forma-Estado, y ha recreado una estructura particular de los Estados modernos, es porque les cambia totalmente su naturaleza; necesita de los Estados porque le proveen los mejores modelos de realización para su axiomática.”  

G. Deleuze

Deleuze plantea que el capitalismo es una empresa mundial de producción de subjetividad, y no solo de materialidades. Por lo tanto hace creer, genera flujos de creencia en virtud de sus promesas. Proponíamos que este actual grupo de empresarios, y no de hombres de Estado, se han representado de una Nación, una empresa. Agregamos que proponen a sus habitantes como emprendedores. Quieren por un lado asalariados agradecidos de tener trabajo, del más bajo salario posible en  tanto capital variable, con el supuesto objetivo de detener la inflación. Y luego, los demás, serán ciudadanos excluidos, con algunos de ellos que se incluyan, como emprendedores de la empresa que se imaginan es un país. Un modelo de exclusión como el presente, es otro ejemplo de violencia política. Empresa viene de ‘prender’, en el sentido que alguien es una ‘presa’. Es decir, ser presas de una em-presa. Empleado viene de ser plegado, doblado (en el sentido del pliegue); digamos que doblegado. Un modelo de exclusión, con incluidos oprimidos.

El Mercado y el Capitalismo financiero especulativo son violentos porque, entre otras cosas, funcionan con la lógica de una máquina de guerra.

 

Desde una perspectiva conceptual, volvamos al binomio Máquina de Guerra/Aparato de Estado. Un golpe de Estado de tipo militar, es otro caso de máquina de guerra que toma al aparato de Estado. Tuvimos tristes ejemplos a lo largo del pasado Siglo XX, en toda América Latina (excepto México, donde la violencia política se instaló por medio del fraude electoral continuo). En casos como el actual en Argentina, Brasil o México, se trata de la máquina de guerra económico-financiera. Deleuze propone que cuando ocurren las circunstancias en que una máquina de guerra toma el aparato de Estado, se produce la ecuación del fascismo. Se trate del fascismo militar o del fascismo económico-financiero, que a su vez, se suponen entre sí. De acuerdo a esta hipótesis, la violencia política original irá tomando distintas formas, desde las laborales (despidos o amenaza de despidos), o previsionales, hasta las represivas directas o indirectas (actos homicidas de la gendarmería y otras fuerzas). Una máquina de guerra intentará destruir la lógica del Estado de bienestar, reparador y distribuidor equitativo, para instalar la lógica de una Empresa con beneficios, rentabilidad, ganancia. En esta formulación, debe entenderse que si bien una máquina de guerra promete una faz creativa (sea como promesa o sea que en parte la realice y en parte convenza), siempre termina siendo destructiva. De allí la potencia destructiva de la máquina de guerra>económico-financiera actual. El riesgo final según Deleuze, sería que esta lógica se encamine hacia un Estado totalitario.

“Qué es la estructura económico-política de un Estado totalitario? Creo que es ante todo un Estado que organiza el colapso del mercado interno./ Un Estado totalitario es un Estado que solo retiene, al nivel de los axiomas, aquellos necesarios para la participación en el mercado externo. Por ende organiza la liquidación o el derrumbe del mercado interno, bajo una forma radical o atenuada. /… derrumbe del mercado interno tanto en el sector del trabajo, como del consumo, los salarios…etc.

G. Deleuze

La axiomática sería la imposición de axiomas sin fundamento necesario más que su propio enunciado, incluso independientes entre sí, sin necesaria coherencias entre los mismos. Puesto que ningún axioma se deduce de otro, o precisaría estar en coherencia con los otros. Lo delirante no es que se les ocurra hacerlo, sino que ‘eso funcione’. El capitalismo funciona entonces como máquina de guerra, y como axiomática. La axiomática capitalista emite axiomas incoherentes hasta enloquecer el campo social. Lo enloquece o produce otras patologías: sabemos que el aumento de desempleo o la amenaza de despido, incrementa los trastornos de ansiedad y depresivos, y la tasa de suicidios. Una institución sujeta a la violencia, o en la que se efectúa la violencia política, se verá que produce axiomas al modo de órdenes, en vez de un ordenamiento teoremático (axiomas en vez de teoremas).

En el caso de Salud Mental, situaremos dos ejemplos de instituciones afectadas a través de los interventores de turno, que son efectores de la mencionada violencia, con diferencias de grado y forma. Además de la violencia explícita de los recientes despidos del Htal. Posadas, y de la violencia implícita de la amenaza de despido que cualquier trabajador de la salud siente, fuimos testigos de violencia institucional en el Centro de Salud Mental Nº 3 ‘Ameghino’ y el Hospital de Emergencias Psiquiátricas ‘Alvear’. En el primero, se alteró el funcionamiento, que durante años de calidad de asistencia se había construido, atacando a un director consensuado por las bases hasta que se fuera, queriendo destruir su asamblea de profesionales. En el segundo, los trabajadores de la salud vieron atónitos, y sin capacidad de respuesta inmediata, la intervención autoritaria y totalitaria, que también alteraba el funcionamiento de décadas de trabajo conjunto. El interventor, expresaba directamente, que no tenía nada que escuchar ni consultar, y que sabía perfectamente lo que tenía que hacer.

Pues resultó que no lo sabía. Sus modificaciones, tanto de equipos de trabajo, funcionamiento de la Guardia, admisiones, e incluso los cambios materiales como lugares de trabajo y de reunión, terminaron siendo claramente malas decisiones. Ocurrió un éxodo de numerosos profesionales de mucha experiencia y antigüedad. Otro ejemplo de máquina de guerra destructiva. La violencia institucional afecta en su conjunto a los Trabajadores de la Salud. Este maltrato, condiciona a la vez la calidad de asistencia a los pacientes. Como diría Basaglia en La institución negada, somos todos oprimidos, ‘somos todos excluidos’, o potencialmente excluidos: “la solución válida para el psiquiatra será…/ hacer tomar conciencia de la situación global en que vivimos, actuando todos a la vez como excluidos, y (también) excluyentes.”

La violencia institucional afecta en su conjunto a los Trabajadores de la Salud. Este maltrato condiciona, a la vez, la calidad de asistencia a los pacientes.

 

Deleuze y Guattari, proponían distinguir en una institución, los grupos sujeto de los grupos objeto. Entendiendo que el primero, sería aquel con potencia instituyente, tanto para resistir la opresión, como para intentar líneas de fuga creativas que escapen a ella. Y los grupos objeto, aquellos que sufren adaptación pasiva y reproducen sin crítica, los axiomas de la institución. En el caso del Hospital Alvear, se logró volver a realizar asambleas que pidieron directamente la renuncia del director/interventor. Después de tiempo y lucha, este grupo sujeto logró el objetivo de que se lo removiera de su cargo. De las pocas historias institucionales con final viable.

Antonio Negri define el contrapoder en tres tiempos: resistencia, insurrección y poder constituyente. El primer tiempo está ya en marcha (y en relación a la década del ‘90, tardó menos en producirse). La insurrección generalizada, al modo de Diciembre 2001, se espera no sea necesaria. Y que la locura capitalista actual termine con las nuevas elecciones. Pero esta vez, si termina esta pesadilla de promesas y globos que está destruyendo todo lo logrado después de la crisis del 2001,  el desafío será qué tipo de poder constituyente ocurrirá después.

 

· Daniel Ferioli ·

Médico psiquiatra de planta del Hospital de Emergencias Psiquiátricas Alvear. Docente del Curso de Posgrado de Clínica Psicoanalítica del Htal Alvear. Docente de Seminarios sobre “Deleuze y la Clínica”.

Dejá un comentario

Tu email no será publicado.