ENTREVISTA A LIBIA TUJUAY

Reconocernos desde la diversidad cultural

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Desde la perspectiva intercultural, resulta prioritario recuperar las prácticas tradicionales de los pueblos indígenas para extender el acceso a los servicios de salud. Pero además es necesario contextualizar esa recuperación desde una mirada de género. En esta entrevista a Libia Tujuay reflexionamos sobre el efecto en la desigual distribución de poder en el ejercicio del derecho a la salud.

El concepto de interseccionalidad fue utilizado por primera vez por la activista feminista y académica Kimberlé Crenshaw en 1989 para describir la conexión entre las diferentes instituciones opresivas, como el racismo, sexismo, homofobia, xenofobia y clasicismo, entre muchas más. Esta conexión se expresa fuertemente en las trayectorias del cuidado de la salud de los pueblos indígenas en toda Latinoamérica.  Desde que regresó de Venezuela en 2016, la médica wichi Libia Tujuayliya Gea Zamora trabaja en un barrio vulnerable del conurbano bonaerense y aspira a volver a su Chaco salteño, a su comunidad wichi, para activar el trabajo en red desde el territorio, que entiende fundamental para lograr el acceso a una salud intercultural con equidad de género.

¿Por qué decidiste estudiar medicina?

Me crié en Santa Victoria Este, en la provincia de Salta, y actualmente estoy trabajando en Buenos Aires pero en algún momento tengo planeado volver para ejercer en mi provincia. Decidí estudiar medicina un poco por azar y un poco por destino. Mi familia no tenía posibilidades de pagarme una carrera. Uno de mis deseos más grandes era terminar la secundaria y empezar a estudiar en la universidad. En ese momento me entero a través de un tío que estaban dado becas en Cuba para estudiar medicina. Desde niña siempre había tenido admiración por la lucha cubana, en mi casa mi madre y mi padre solían hablar de ello ya que eran activos militantes populares. Entonces mandamos una carta dirigida a Fidel Castro para acceder a la beca y luego de varios meses me llega la aceptación. Fue muy difícil conseguir el dinero para poder concretarlo pero finalmente se hizo posible. Sin embargo, hasta ahora no he trabajado en una comunidad wichi. Luego de que me gradué en Cuba trabajé un tiempo en Venezuela, con el pueblo Pumé y el pueblo Cuiva, con muchas similitudes culturales con mi pueblo.

En mi familia hay enfermeros y enfermeras pero fui la primera en estudiar medicina de manera formal. Sin embargo, toda mi familia practicó siempre la medicina ancestral, la medicina tradicional wichi y resistieron durante muchos años la práctica de esta tradición, en el monte, a escondidas de la iglesia anglicana y católica, del sistema médico tradicional y del Estado mismo, que la prohibían ya que no era válida la medicina indígena. Hoy existen aún los chamanes en el monte que practican las artes de curar wichi más ancestrales.

¿Quiénes integran la red de profesionales indígenas y cuáles son sus objetivos en el país?

Estamos en el proceso de formación de una red de profesionales indígenas de diferentes comunidades. En primera instancia se planteó como una red de profesionales de la salud, pero luego se sumaron otros abordajes,  como educación. Nuestro principal objetivo es planificar y plasmar en un documento la forma en la que entendemos deberían ser las políticas de salud orientadas a pueblos indígenas, la creación de una red entre las diversas comunidades y de programas interculturales de salud que sean más respetuosos y acordes a las necesidades de cada pueblo indígena. Si bien existen proyectos que se llevan a cabo de forma aislada e individual, nos parece que lo mejor es que exista una ley o instrumento que regule el trabajo en salud en comunidades indígenas, que garantice personal médico constante y que éste pueda trabajar en conjunto con quienes ejercen la medicina tradicional indígena.

Esta red de profesionales, ¿cómo interpreta la interculturalidad en la atención de la salud?

Entendemos la salud intercultural como un ambiente donde se priorice el respeto hacia los conocimientos del otro y las pautas culturales de cada pueblo indígena. En términos teóricos el acceso a la salud se plantea como un derecho universal, donde basta con requerir la atención para obtenerla, pero en la realidad esto no funciona así en especial para las comunidades indígenas en el chaco salteño o en Misiones, por ejemplo. No se acostumbra hacer consultas médicas sobre todo porque no se sienten bien recibidos, porque saben que las personas que los van a atender no conocen el idioma que hablan, y la mayoría de las veces manifiestan desinterés por la diversidad indígena. La actitud de los profesionales de salud para con las comunidades es de superioridad, de una autoridad que sabe lo que es bueno para la comunidad pero sin escuchar sus necesidades o padecimientos. Hay muchas enfermedades que los pueblos indígenas no las consideran como tales y ese es el mayor desafío para la medicina hegemónica.

Dado que existen pautas de cuidado diferentes a las que son enseñadas en las escuelas formales de medicina o enfermería, la salud intercultural es fundamental ya que supone la práctica de una medicina y una enfermería próximas, adecuada a las necesidades de las personas que viven en las comunidades. Esta debe enfocarse en la erradicación de los problemas de salud producto de la pobreza como la desnutrición y la tuberculosis, no solamente el tratamiento de problemas agudos. Es urgente resolver estas cuestiones de salud que ya tienen años en las comunidades y no se han abordado adecuadamente, básicamente porque se pretende trasladar un modelo de atención tradicional citadino a las comunidades con pautas culturales muy diferentes y fuertemente arraigadas en su identidad como pueblo. Eso incluye, por ejemplo, comprender que durante muchos años la desnutrición fue motivo de vergüenza para una familia wichi, y por eso se ocultaba o no se acudia a un centro de salud, además de estar naturalizada por la falta de comida.

«Hay muchas enfermedades que los pueblos indígenas no las consideran como tales y ese es el mayor desafío para la medicina hegemónica. La salud intercultural es fundamental ya que supone la práctica de una medicina y una enfermería adecuadas a las necesidades de las personas que viven en las comunidades.»

En tu opinión, ¿por qué es importante integrar las perspectivas de género e interculturalidad en salud?

Históricamente, en la relación de las mujeres indígenas con el sistema de salud, siempre ha estado muy presente la iglesia, los diferentes grupos religiosos. Predomina una concepción muy fuerte sobre el cuerpo de la mujer relacionada con la protección, con el no dejarse tocar, con el  no hablar de tu cuerpo frente al médico. Hacer un examen físico en una mujer indígena es dificultoso y resistido, ni hablar de hacer un Pap. Esto proviene de una reacción defensiva ya que el cuerpo de la mujer indígena ha sido históricamente abusado y profanado. Recuerdo en mi infancia en el Chaco salteño que uno de mis mayores miedos era ser violada por un criollo y que teníamos prácticas para evitar ese riesgo como salir a la calle juntas, o pasar corriendo por los lugares en los que había muchos varones criollos. Crecí escuchando historias de hombres que venían de las ciudades y compraban niñas a cambio de comida a familias muy pobres, de ahí se genera un instinto de protección del cuerpo. Pero también han tenido gran influencia las concepciones religiosas que etiquetaban de impuro e inmoral el permitir ser tocada por otrxs, mostrar partes de tu cuerpo, usar polleras cortas, etc. Impulsan la idea de que el cuerpo está cerrado hacia todo lo demás. Sin embargo, esto no fue siempre así. Mi madre me cuenta que 200 años atrás, antes del avance de la iglesia principalmente anglicana sobre las comunidades, que las mujeres andaban desnudas por el pueblo, a lo sumo usaban un chiripá, pero el cuerpo de la mujer no era considerado inmoral. Este cambio, que puede ser meramente ideológico, ha tenido graves consecuencias en el cuidado de la salud de las mujeres. El acceso a prácticas de cuidado, como la detección del cáncer de cuello de útero, se hace difícil para la mujer indígena, en especial si la medicina no contempla su historia e intenta imponer prácticas que terminan resultando más invasivas que preventivas.

Hoy hay muchos casos de muertes de mujeres en comunidades wichi relacionadas con el cáncer de cuello de útero, incluso en mi familia. Frente a esta situación no existe una búsqueda desde el sistema de salud para abordar esta problemática con perspectiva intercultural y de género, sino que justificándose en el “relativismo cultural”, esgrimen que las mujeres no se dejan tocar para no involucrarse, no hacerse cargo del problema; de esa manera se terminan vulnerando los derechos.

«El acceso a prácticas de cuidado, como la detección del cáncer de cuello de útero, se hace difícil para la mujer indígena, en especial si la medicina no contempla su historia e intenta imponer prácticas que terminan resultando más invasivas que preventivas.»

Respecto a los y las profesionales de la salud en relación con esta perspectiva, ¿te parece que es necesario incidir en la formación de grado para cambiar estas prácticas?

Desde la formación de la medicina alopática tradicional me parece que no se contempla la complejidad de pensar una salud intercultural, y esto me parece fundamental. No se piensa en los pueblos indígenas a la hora de definir las currículas de formación de grado. Si no sos indígena o no has tenido contacto con pueblos indígenas no entra en tu proyecto de formación pensar en cómo trabajar con una comunidad pequeña que habla otro idioma, que tiene otras costumbres y otras pautas culturales. Me ha pasado incluso en mi experiencia personal que, teniendo un origen indígena, luego de mi formación como médica en Cuba, descubrí que aprendí a reproducir prácticas médicas poco respetuosas con la diversidad cultural; me di cuenta porque las personas que atendía en los pueblos indígenas de Venezuela dejaron de acudir a mí.

Recuerdo una persona que estuvo 9 días con diarrea y murió sin recibir asistencia; u otro caso en el que yo me encarnice con el cuerpo de una bebe para salvarle la vida mientras su propia familia me decía “doctora está muerta, déjela, ya quiere irse!”. Desde esa óptica, empecé a mirar las prácticas de mis compañero/as y entendí que no estábamos haciendo ningún bien. También es cierto que los recursos con los que trabajan los/as médicos/as en medios rurales no te sirven ni te alcanzan para dar una respuesta diferente. No cuentan con transportes adecuados, ni con servicios básicos, no tienen un buen lugar para conservar adecuadamente insumos claves como medicamentos, vacunas, no se destinan recursos suficientes para la atención de estas comunidades, y eso es una responsabilidad de la autoridad sanitaria. El Estado envía muchas veces profesionales de la salud sin los recursos necesarios y eso no garantiza acceso a la salud. Muchas veces se pone el acento en el profesional médico como la única respuesta a las necesidades de salud de las comunidades pero la respuesta es implementar políticas de salud diferentes, con respeto a la identidad de cada pueblo, donde se hable su idioma, se solucionen problemas concretos y se promuevan pautas de cuidado preventivas para detección y abordaje de enfermedades.

¿Existen obstáculos en el acceso a una salud sexual y (no) reproductiva integral en las comunidades indígenas de nuestro país? ¿Los programas sanitarios vigentes responden a las necesidades de las familias indígenas?

El acceso a la información no es el mismo en la ciudad que en el interior del chaco salteño. Aunque parezca extraño, aún hoy falta mucha información. En gran parte, la influencia religiosa obstaculiza su acceso, por ejemplo, sobre infecciones de transmisión sexual y métodos anticonceptivos. Sigue prevaleciendo el “de eso no se habla”. Por otro lado, hay muchas mujeres trabajando en el ámbito de la atención primaria, militantes feministas que llevan las banderas de la salud sexual y el aborto legal, pero que no tienen una llegada real a las mujeres indígenas. Esa búsqueda de un mejor acceso a la salud sexual integral muchas veces no incluye las necesidades de las mujeres indígenas. Mi madre es una mujer que lucha por los derechos de las mujeres wichis pero no se declara feminista, se declara ante todo wichi. Suponer que la información se recepciona y comprende de la misma manera en Buenos Aires que en Salta es subestimar el rol que ocupan las creencias, los valores y el mundo en el que se mueven las personas indígenas, permeadas por una fuerte concepción religiosa impuesta con la colonización. Lo mismo ocurre en el caso de los embarazos luego de una violación, donde se autoconvocan las mujeres a solicitar un aborto legal cuando tal vez desconocen lo que piensa la familia. Hay una historia de saberes adquiridos sobre los cuidados en salud sexual de las mujeres indígenas que ha sido destruida por la iglesia anglicana, pero tampoco es recuperado por el movimiento de mujeres ni el Estado. En las comunidades hay otras prioridades, no se vive ni se piensa igual que en otros pueblos, debido en parte al acceso limitado a la información, pero también por luchas básicas pendientes en relación con las tierras, los recursos naturales, el respeto por la propia cultura. Temas como el aborto, por ejemplo, no se problematizan igual que en otras comunidades y eso debe ser respetado.

¿Cómo es la trayectoria de las familias indígenas por el sistema de salud en Argentina? ¿Existe un mandato de masculinidad con características diferentes en las comunidades indígenas? ¿Creés que afecta la salud de los varones ese mandato?

Los hombres indígenas solo suelen acudir al sistema de salud ante una urgencia. Suelen pasar toda su vida trabajando y sin ir al médico. Muchos mueren jóvenes, probablemente por su escaso contacto con los servicios de salud. Las mujeres suelen acudir más por la atención de sus hijos/as. Esto es similar a comunidades no indígenas. Incluso las y los más jóvenes, tienen la costumbre de contarse entre ellas/os la información respecto al tratamiento de diferentes enfermedades como las de transmisión sexual, para evitar acudir a la atención médica.

En el chaco salteño no hay fuentes de trabajo formal, entonces muchos varones indígenas se dedican principalmente a la caza o a la pesca, hacen algunos trabajos rurales temporales relacionados con la soja, o simplemente se quedan en sus casas. Esa precariedad laboral impacta en la emergencia de problemas de consumo de sustancias por ejemplo, especialmente alcohol, y en situaciones de violencia de género. Incluso con el paso del tiempo la condena social a la violencia ha ido disminuyendo, hasta llegar al punto de ser una situación habitual, naturalizada en las comunidades. Históricamente la propia comunidad intervenía en las situaciones de violencia pero la organización comunitaria ha cambiado a partir de la intervención de la iglesia anglicana; actualmente si el pastor de la iglesia no interviene, no hay ya una instancia comunitaria en la que se trabaje con esas situaciones. Y el Estado solo se ocupa de explotar los recursos naturales y venderlos a empresas extranjeras, manteniéndose ajeno a las problemáticas de salud de las comunidades y dejando en manos de la Iglesia el control social.

¿Cuál es el grado de participación de las comunidades indígenas en la formulación y aplicación de políticas públicas de salud?

Los Estados están obligados por acuerdos nacionales e internacionales a convocar a las comunidades para la formulación de políticas que involucren a pueblos indígenas. Sin embargo, esto no sucede sino que las propuestas surgen desde las comunidades. En salud, es importante la participación de nuestros/as médicos/as tradicionales en el diseño de políticas públicas destinadas a comunidades indígenas, no su institucionalización. La salud intercultural implica poder ejercer la medicina desde nuestras pautas culturales. Para esto es clave la recuperación de las prácticas ancestrales que han sido destruidas por la intervención del Estado y la iglesia que prohibían los ritos indígenas, por ejemplo financiando programas de recuperación de los conocimientos y ritos ancestrales que las comunidades han ido perdiendo con el tiempo, o practicando pero de forma silenciada por temor a las represalias.

¿Cómo te imaginas un sistema de salud que contemple tanto la mirada de género como la interculturalidad en sus prácticas? ¿Qué es lo primero que hay que transformar de nuestro sistema de salud en ese sentido?

Hay un ejemplo en Venezuela que me parece interesante rescatar. Mientras trabajé allá, tuve la oportunidad de formar parte de una coordinación en salud indígena. La diferencia de lo que podía hacer estando en los territorios brindando asistencia clínica a los pueblos no era mucha, pero al menos desde la coordinación podía resolver situaciones de gestión de recursos, planificar mejor la entrada de los/as profesionales a las comunidades, etc. Esto era posible porque en Venezuela hay una Dirección de Salud Indígena dentro del Ministerio de Salud y el director era indígena, lo cual determinaba que se destinarán recursos específicos para el abordaje de las problemáticas de estas comunidades si bien el presupuesto no era suficiente. Desde la coordinación realizamos un apoyo a las redes de atención dentro de las comunidades, y existía un sistema de atención y orientación al indígena que consistía en incorporar indígenas de diferentes estados que hablaban diferentes idiomas para que acompañaran a los/as indígenas que estaban internados/as en los hospitales. Ese sistema era muy valioso y una de las estrategias que mejor funcionaba, dado que, a pesar de que estos trabajadores no tenían la capacidad de solucionar los problemas de los pacientes, era una buena forma de gestión de problemas a diferentes niveles que de otra manera pasaban desapercibidos. Se convertían así en reales gestores en salud.

«Me parece clave el trabajo con las mujeres indígenas porque son históricamente las transmisoras de la cultura, las cuidadoras, las que mueren de cáncer de cuello de útero por una sociedad que les arrebató sus prácticas ancestrales de cuidado y las obligó a esconder su cuerpo y a vivir su sexualidad sin información, sin libertad.»

Creo que en nuestro país sería muy importante como política pública sanitaria poder fomentar el desarrollo de redes de salud intercultural, un sistema de trabajo entre las comunidades. Otro punto fundamental es avanzar en la formación de personal de salud indígena. La mejor forma de llegar a las mujeres indígenas es a través de sus pares. Una de las formas claves de mejorar la accesibilidad de las comunidades indígenas al sistema de salud es formar profesionales con una mirada intercultural mediante un proyecto de educación que abarque a todas las disciplinas.

La interseccionalidad se ha convertido en uno de los conceptos clave de los feminismos de los últimos tiempos, entendiéndolo como el fenómeno por el cual cada persona sufre opresión u ostenta privilegio en base a su pertenencia a múltiples categorías sociales. ¿Cómo ves la posibilidad de que esta mirada se incorpore en el campo de la salud?

Las mujeres indígenas está en mayor situación de vulnerabilidad desde esta concepción. Principalmente porque además de la pobreza, la discriminación, la opresión por su género, siguen resistiendo la colonización de sus culturas. Son obligadas a olvidar sus historias, sus saberes y sus prácticas ancestrales, que las mantenían libres y sanas, y son sometidas a la imposición cultural de criollos y religiosos. Por eso me parece clave el trabajo con ellas, porque son históricamente las transmisoras de la cultura, las cuidadoras, las que mueren de cáncer de cuello de útero por una sociedad que les arrebató sus prácticas ancestrales de cuidado y las obligó a esconder su cuerpo y a vivir su sexualidad sin información, sin libertad. Las mujeres indígenas son consideradas un objeto, son violentadas, son las que limpian y las que satisfacen los deseos sexuales de los patrones criollos. Son las que llevan la mayor carga pero también son las que luchan. Mujeres, madres, militantes luchando por la justicia social.

· Libia Tujuayliya Gea Zamora ·

Médica wichi referente de la red de profesionales indígenas de Argentina.

 


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