“La argentina tiene una larga historia de luchas por la salud”

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¿Quién es Gianni Tognoni?

Este era el sintético currículum con el que lo presentábamos entonces: Jefe del Departamento de Farmacología Clínica del Instituto Mario Negri de Milán, Italia. Consultor de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en el tema de Medicamentos. Integrante del Comité de Expertos en Farmacia y Farmacología Clínica que en 1977 realizó el Listado de Medicamentos Esenciales, que la OMS propuso a todos los países del mundo y que se renueva cada 2 años. Implementó en varios países como Arabia Saudita, Yemen del Sur, Bolivia, Costa Rica y Nicaragua la práctica concreta de la puesta en marcha del uso de este listado. Miembro de OMS-UNICEF y de los Programas de desarrollo de Naciones Unidas. Responsable y Coordinador de numerosos grupos internacionales de investigación clínica de medicamentos que abarcan a un elevado número de pacientes. Secretario General del Tribunal Permanente de los Pueblos que luchan por el derecho a su propia determinación como Eritrea, Filipinas, El Salvador, Guatemala, Zaire, Timor Este, Afganistán, entre otros países. Pocos años antes, en 1978, ejerciendo este cargo en el Tribunal Permanente de los Pueblos Bertrand Russell, había coordinado el Juicio a la Dictaduras Militares de América Latina, entre ellas la argentina. Doctor en Filosofía y Medicina.

Gianni Tognoni confeccionó los Manuales de Epidemiología Comunitaria para guiar las centenas de prácticas con las comunidades de todos los tipos. Fue integrante del Comité Asesor del Dr. Daniel Gollan en el Ministerio de Salud de la Nación.

Estas líneas fueron para presentarles a Gianni y difundir cómo y qué entiende por “derecho de los pueblos a la Salud que necesita”. Quizás como ejemplo baste con el concepto fundamental de los “Medicamentos Esenciales”: los que realmente está comprobado que sirven y previenen, mejoran o curan. Porque también están los de eicacia no comprobada, los de eicacia dudosa, las combinaciones irracionales de drogas, los similares mucho más caros pero no más eicaces y los de peril de riesgo inaceptable, todos los cuales, sin embargo, en la inmensa mayoría de los países se siguen recetando, comercializando y consumiendo.

Su tarea va desde las comunidades a los expertos, de la gestión a la política, pero lo más importante es que sigue estando permanentemente entre nosotros y sabemos que lo tendremos nuevamente con nosotros para lo que se lo necesite.


¿Qué relación tienen los medicamentos con el derecho a la salud?

Desde el punto de vista conceptual, el medicamento es una herramienta imprescindible para tratar, en condiciones específicas, a quien tenga un problema, para el cual el medicamento representa una solución. Esto significa que si un medicamento ha sido estudiado y evaluado de una manera científicamente correcta, el medicamento puede ser la respuesta específica para el problema que puede resolver. Si el medicamento es para un paciente con cáncer por ejemplo, es un derecho del paciente de recibir este medicamento que es la respuesta a su necesidad. Si es para una infección pulmonar y el paciente tiene esa infección, el medicamento corresponde al derecho de la persona a recibir su salud a través de esta herramienta técnica.

El problema verdadero detrás de la pregunta, es que conceptualmente la situación es muy clara. El medicamento es eficaz cuando es un derecho que llega al paciente. En el mercado, los medicamentos que efectivamente, a pesar de tener una calificación formal de medicamento, no consiguen el resultado que deberían conseguir, se transforman no tanto en un derecho de salud, sino que se transforman en herramientas para el mercado. Por eso también, hay muchos medicamentos que no tienen una eficacia comprobada a pesar de su aprobación, y por otro lado, muchos medicamentos se encuentran en condiciones de distribución pero su prescripción que no es adecuada para lograr el beneficio. Por ejemplo, si un psicofármaco se da a un paciente con algún padecimiento psíquico, pero sin un contexto de cuidados que permita al paciente responder a sus problemas, deja de ser un derecho del paciente, y se transforma en una trampa que le da una apariencia de solución mientras de hecho lo excluye de un cuidado adecuado.

Otro ejemplo clásico, los medicamentos para el VIH, son eficaces si también se garantiza un acceso al diagnóstico adecuado, un control de efectos indeseables, un seguimiento del paciente y todas las medidas que sirvan para que los medicamentos puedan traducirse en una solución para el control de la enfermedad. De lo contrario, en un contexto adverso, el medicamento no puede garantizar su beneficio.

¿Cómo percibe en Argentina y en la región el acceso a la salud y a los medicamentos?

Como está sucediendo en varios países, el medicamento se ha transformado en un bien de mercado, con precios que en Argentina son muchos más caros que en Italia u otros países europeos. Evidentemente la autoridad pública no considera el control de los precios como una medida imprescindible para garantizar un acceso adecuado a su población. Por eso, si un Estado no puede gastar más de una suma x de dinero para medicamentos, y estos salen más de lo que podrían costar en otras condiciones de mercado, significa que hay una decisión conjunta del gobierno y de la industria, de transformar el mercado de medicamento en algo que es importante para la economía privada o pública, y muchos menos importante para la salud del país y de los pacientes.

¿Qué rol puede tener la producción pública de medicamentos?

Es algo que puede ser una parte de la solución del problema, si efectivamente existe una política pública de salud que evalúa cuidadosamente cuáles y cuántos medicamentos pueden/deben ser producidos por el Estado. Países como Brasil, han tomado por ejemplo una decisión frente al problema de la accesibilidad a medicamentos para el VIH, de decir: “acá se producen medicamentos propios para que los precios no sean controlados por el mercado internacional”. Eso es una decisión política.

La contraposición absoluta entre público y privado es un problema artificial. Es decir, si el Estado decide controlar públicamente algo que le parece estratégico para el bienestar del país, el Estado debería garantizar una producción pública si su posición de contratación con el mercado privado no le permite garantizar medicamentos a un precio conveniente. En Italia por ejemplo, no hay producción pública de medicamentos, pero luego de muchas luchas, se ha incluido el precio de medicamento como una condición para que todos los medicamentos tengan un precio de referencia que garantice una accesibilidad adecuada.

“El medicamento se ha transformado en un bien de mercado. Evidentemente la autoridad pública no considera el control de los precios como una medida imprescindible para garantizar un acceso adecuado a su población.”

¿Qué desafíos ve en el mundo para garantizar el derecho a la salud?

El primer desafío, es lo de mantener salud en el campo de los derechos. El ataque más fuerte, sistemático, que se hace con estrategias de manipulación del lenguaje, es el de sustituir el principio de salud como derecho con el concepto de salud como seguro. Si la salud es parte de la Constitución de los países, los medios para garantizar la salud son constitucionales son derechos fundamentales. Si son parte del derecho de los seguros, pueden ser obligatorios pero no son tan vinculantes como los derechos humanos. Como si en la constitución se prohíbe la tortura pero se permite la violencia justiicada “por razones de seguridad”: en la salud es lo mismo. Pero ese problema, y es importante subrayarlo, es un problema que es parte de un ataque que se hace a todos los derechos constitucionales de los países. Salud es uno de esos derechos. Si uno dice, garantizamos salud pero económicamente se promueve la desigualdad, evidentemente la desigualdad produce enfermedad a pesar de tener medicamentos. La desigualdad es el factor más importante de pérdida de salud y de no recuperación de la misma. En los países europeos también se está perdiendo el concepto de salud como derecho fundamental.

¿Qué relaciones existen entre el neoliberalismo y el derecho a la salud?

El neoliberalismo en este momento se transforma en neocolonialismo por parte del mercado. Es decir, el mercado global se ha transformado en un poder colonial global que impone sus reglas económicas, y decide de transformar salud en un capítulo de la economía. Por definición, la economía no quiere ser juzgada con criterios de derecho, y pretende una impunidad. Eso es el gran ataque a nivel internacional. Recientemente en Alemania, en el Instituto Max Planck se ha hecho un seminario donde los expertos de derecho internacional dicen: el derecho internacional está en crisis por el hecho que está transformándose en una variable dependiente de la economía. Eso es el riesgo más importante del modelo neoliberal o poscolonial o como queramos llamarlo.

¿Qué estrategias considera posibles para resolver estos problemas?

El problema más grande es el de la soberanía. En un mundo que se pretende global, la globalización pretende quitar la soberanía a las democracias de los países. Salud es un indicador de democracia de un país. También podría serlo en el mundo. El problema crítico es cómo hacer coincidir los compromisos declarados con programas creíbles. Los planteamientos de las NacioWnes Unidas sobre los SDG (Sustainable Development Goals) representan en este sentido una trampa: se comprometen a reducir la pobreza a la mitad dentro del 2030, pero no se oponen a los programas económicos que andan en otra dirección. La desigualdad está aumentando, así como la polarización de los intereses.

La Argentina, que tiene una larga historia de luchas por la salud, se encuentra ahora con un problema muy importante, frente a las nuevas medidas económicas del actual gobierno que han sido muy dramáticas, en su relación con las transnacionales, las tasas, la dependencia de las finanzas. Una cultura de la salud que permita transformar el concepto mismo de salud en algo que debe pertenecer a todas las periferias, a las clases más marginalizadas, es un trabajo político que necesita otra dirección. Lo que la gente necesita es sencillo: garantizar salud como una herramienta de alfabetización a la democracia; garantizar el medio ambiente salubre, la menor desigualdad, una educación favorable. Es decir, los determinantes sociales y culturales de la salud. Estos son por lo menos tan importantes como los componentes estrictamente médicos-técnicos. Si hay solamente los componentes técnicos, como acceso a medicamentos, no se está garantizando salud. Se necesita un camino capaz de poder involucrar a todos los protagonistas de la sociedad y no solo a los médicos o los técnicos de salud.

 

· Horacio Barri ·

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