Identidad de género y salud mental

FOTOGRAFÍAS: ES FOTOGRAFÍA – ESTANISLAO SANTOS

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Existe consenso internacional acerca de la necesidad de incorporar la perspectiva de género en la promoción y la atención de la salud. Sin embargo existe una historia de atención de la diversidad sexual que la caracteriza como un trastorno mental. La Dra. Débora Tajer nos muestra los resultados de una investigación que avanza en la identificación de sesgos de género en diagnósticos y acciones terapéuticas.

El enfoque de género brinda elementos para entender mejor los procesos de salud-enfermedad-cuidados, incorporando tres niveles de análisis: 1) Las diferentes maneras en que las personas tienen problemas de salud asociados a sus roles de género, 2) La manera distinta en que se proveen servicios conocida como “disparidades de género” y 3) La manera en que los/as proveedores/as de servicios debieran considerar los roles de género y su impacto sobre la salud para dar una mejor atención.

Pese a los múltiples avances identificados, los sistemas de atención de la salud continúan evidenciando brechas en materia de género y salud, en tanto que ni los marcos normativos ni las políticas públicas per se aseguran la modificación inmediata de representaciones y prácticas tradicionales arraigadas en aquellas instituciones donde se efectivizan estos derechos. Dado que la perspectiva de derechos no implica la adhesión inmediata en los equipos de salud, en tanto que los prejuicios, concepciones y creencias de los/as profesionales de este ámbito constituyen un tipo de barrera más difícil de reconocer y revertir.

En función de estos desafíos, realizamos un proyecto de investigación UBACyT 2013/16 “Equidad de Género en la Calidad de la Atención en adolescencia” para intentar avanzar en la identificación de sesgos de género en la toma de decisiones diagnósticas y terapéuticas de los/las miembros/as del equipo de salud que atienden adolescentes, que pudieran tener impactos en la calidad de la atención. Tuvo por objetivo explorar y analizar desde una perspectiva de género y de salud colectiva los imaginarios profesionales de los/as integrantes de los equipos de salud (médicos/as pediatras, generalistas y psiquiatras; nutricionistas, enfermeros/as y psicólogos/as) respecto de diversas demandas de salud de la población adolescente atendida en Servicios de Pediatría o en Programas de atención de adolescentes pertenecientes a Hospitales Públicos, Clínicas Privadas y Hospitales de Comunidad de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. En todos se exploró transversalmente el grado de incorporación de la perspectiva de género en el ámbito científico académico; los imaginarios profesionales y los aspectos relativos a la demanda de las familias y los/as adolescentes que podrían tener implicancias en la toma de decisiones y en la conducta profesional. Uno de los ejes indagados fue identidad de género como demanda/motivo de consulta en el sector salud.

Imaginarios profesionales respecto de las demandas sobre identidad de género en la adolescencia

De las entrevistas realizadas a profesionales de la salud, surge que no suele haber demanda directa por temáticas ligadas a la identidad de género y/o diversidad sexual en el sector. Una entrevistada refiere que es algo que se indaga desde los/as profesionales y que estas demandas muchas veces surgen “detrás” de consultas de trastornos de conductas alimentarias o cuadros ansiosos o depresivos. Igualmente, estos/as profesionales identifican que progresivamente los/as adolescentes son más abiertos/as a exponer su identidad sexual, sobre todo las mujeres que se han decidido a tener una pareja lesbiana.

Los sistemas de atención de la salud continúan evidenciando brechas en materia de género y salud, en tanto que ni los marcos normativos ni las políticas públicas per se aseguran la modificación inmediata de representaciones y prácticas tradicionales arraigadas.

 

Por otro lado, de la investigación surge que existe más aceptación y más inclusión respecto de las variantes de elección sexual y todavía muchas dudas en los procedimientos y diagnósticos en la temática de identidad de género por parte de profesionales de la salud. Y que a veces ambas temáticas aparecen confundidas, como si fueran lo mismo y no lo son. Los/as profesionales encuestados/as consideran que en la actualidad la diversidad sexual no se considera un problema en sí mismo, sino que se atienden adolescentes con opciones sexuales diversas pero que la consulta es por otro tipo de preocupaciones relativas a su salud, como cualquier otro/a adolescente. Respecto de la temática de identidad de género, existe mayor preocupación en algunos/as entrevistados/as por poder diferenciar cuáles son realmente problemáticas relativas a la identidad y cuáles están vinculadas con trastornos psicopatológicos (ej. psicosis), de manera de realizar un diagnóstico diferencial apropiado sobre todo en aquellos casos que por su sintomatología lo vuelven más complejo. Se identifican diferencias en la franja de menores 16 años en relación a los mayores de 16 años, en tanto que para algunos/as profesionales las experiencias de inicio de relaciones sexuales con personas del mismo sexo o del otro sexo en menores de 16 años serían de carácter “experimental”.

 

Los/as profesionales intentan ubicarse en avance en relación con la “despatologización” de la diversidad sexual. Una entrevistada refiere: “nunca desde la patología, se tiene que ver esto dentro del contexto, puede haber o no patología…si hoy Freud se levantará en Viena diría: tenemos que cambiar la Teoría”, dislocando así estas temáticas del plano individual o de la “desviación” y situándose más en el plano de los imaginarios sociales y culturales “de época” que definen lo normal y lo anormal. Pero los/as profesionales ubican el sufrimiento que las creencias prejuiciosas y prácticas discriminatorias producen en la población que atienden. Si bien consideran a la diversidad sexual como una posición subjetiva en la singularidad que determina el modo de asumir su deseo en cada sujeto, entienden que la cultura y los modos específicos de atención según las concepciones que se tengan del tema propician o no el acceso a la salud integral en aquellos/as que consultan. Refieren que en este tipo de consultas, emerge más fuertemente la conflictividad con las madres y padres respecto de la “develación” de una orientación sexual diversa, que no se ajusta al modelo hétero-normativo.

Respecto a los cambios físicos, los/as profesionales manifiestan no haber recibido demandas de adolescentes mujeres para asesoramiento en el uso de hormonas o prácticas quirúrgicas, ni tampoco haber realizado sugerencias al respecto en dichos casos. En cambio, en el caso de los varones es diferente: “por mi experiencia en endocrinología, desde que los varones quieren ser mujeres aparece el tema de que los tenés que feminizar”. Asimismo, algunos entrevistados identifican que los varones gay son menos aceptados que las mujeres lésbicas, en contraposición con lo que refirieron otros. Posiblemente, quienes plantean esto último se refieran a que en los procesos de subjetivación de género masculino tradicional, la homosexualidad masculina permanece dentro de los fantasmas más temidos en la masculinidad hetoronormativa en los varones y por lo tanto más estigmatizado.

Por último, los/as entrevistados/as refieren que para estos nuevos desafíos es necesario contar con un equipo interdisciplinario altamente especializado, especialmente para aquellos casos que demandan una cirugía. Los hospitales no suelen contar con esta oferta, a excepción del Hospital Durand en Ciudad de Buenos Aires. Por otra parte, refieren que advierten aún una fuerte presencia de concepciones y abordajes “medicalizadores” en temas de identidad de género, de los cuales refieren intentar desmarcarse.

Se evidencia la subsistencia de discursos disciplinarios hegemónicos que “medicalizan” y “farmacologizan” los abordajes, tendiendo a invisibilizar y reforzar desigualdades de género y de orientación sexual, como también de edad y clase.

 

En la última década, Argentina se ha destacado por impulsar un nuevo paradigma en materia de derecho a la salud ligado a la Ley de identidad de Género, que permite contar actualmente con normativas, y prácticas innovadoras, reconocidas a nivel regional e internacional. Pero como todo cambio de paradigma cultural, el movimiento lleva un tiempo de transición en el cual se plantean una serie de brechas y desafíos entre los nuevos marcos de derechos, políticas, programas y los imaginarios y prácticas concretas, en este caso, en materia de identidad de género. Agravados por el hecho de que aún no se ha formulado una política pública integral en la temática. De los resultados parciales de esta investigación en relación con este eje, se puede arribar a algunas conclusiones acerca de los imaginarios profesionales sobre esta temática en la salud adolescente en la Ciudad de Buenos Aires. Cabe destacar que pensar estos temas en el contexto argentino, establece una particularidad que nos diferencia de los que sucede por ejemplo en EEUU y Francia, dado que permite otros horizontes imaginarios ligados a la ampliación de derechos locales, en este caso, a la identidad, incluso la identidad definida tempranamente. En esos otros países en los cuales el cambio de identidad es posterior al diagnóstico psiquiátrico y la reasignación quirúrgica de sexo, los imaginarios posibles, son otros. Lo que acontece en esos dos países y sus realidades jurídicas tienen impacto sobre los desarrollos en el campo de la psiquiatría (el DSM IV/V y su clasificación de la disforia de género) y del psicoanálisis que tanto impacto tienen en la formación de profesionales del campo psi en la actualidad en Argentina.

En lo referido al eje de identidad de género, que constituye un tópico emergente y menos investigado, los avances en relación a considerar a las diversidades sexuales por fuera de lo psicopatológico “per se”, no se corresponden con la tendencia aún mayoritaria a considerar a las vicisitudes de la identidad de género aún en el campo, al menos limítrofe con lo psicopatológico, lo cual se contradice con Ley 26.743 que desde 2012 la incluye en el campo del derecho a la identidad. Esta tensión convive con otras tensiones identificadas en el campo, en el cual se evidencia la subsistencia de discursos disciplinarios hegemónicos que “medicalizan” y “farmacologizan” los abordajes, tendiendo a invisibilizar y reforzar desigualdades de género y de orientación sexual, como también de edad y clase. Al mismo tiempo, que existen aún pocos/as profesionales formados/as en estos temas y escasos dispositivos para brindar una atención especializada e interdisciplinaria para estas demandas. De todos modos, se identifica que los/as adolescentes están comenzando a acceder progresivamente a aquellos servicios que sí se han especializado en esta temática, algunos/as de ellos/as derivados/as por los/as profesionales entrevistados/as. Esto es consecuencia de que muchos/as profesionales, preocupados por estas temáticas, han avanzado en lecturas e información que han incorporado, pero queda del lado de la propia iniciativa, no siendo incorporada aún en la formación sistemática en salud.

Los servicios de salud son espacios privilegiados para deconstruir y desmantelar junto a los/as usuarios/as, imaginarios y prácticas tradicionales que se instalan en esta etapa y permanecen más difíciles de modificar en etapas posteriores, con el objetivo de avanzar hacia formas más diversas y equitativas de relacionamiento entre los géneros.

 

Cabe destacar que es esperable que estas prácticas puedan generalizarse en el sistema de salud mediante prácticas estandarizadas y protocolos que permitan abordar las problemáticas de salud desde una perspectiva de derechos y equidad de género en la calidad de la atención. Resulta fundamental que se diseñen e implementen dispositivos de atención innovadores que puedan traspasar las diversas barreras que continúan presentándose para estas transformaciones, conociendo y trabajando con las significaciones que tienen los/as adolescentes y tomando en cuenta las diferencias de género y los contextos donde interactúan.

Los servicios de salud son espacios privilegiados para deconstruir y desmantelar junto a los/as usuarios/as, imaginarios y prácticas tradicionales que se instalan en esta etapa y permanecen más difíciles de modificar en etapas posteriores, con el objetivo de avanzar hacia formas más diversas y equitativas de relacionamiento entre los géneros.

 

INFANCIAS DIVERSAS: NI ROSA NI CELESTE

¿No es muy temprano para reclamar un cambio de identidad? ¿Podría ser dañino “cerrar” tan tempranamente algo que debiera dejarse “abierto”?

Propongo asociar la emergencia de infancias trans que demandan ser escuchadas tempranamente, con el nuevo marco de prácticas sociales y legitimidad legal, que permiten que aparezcan y sean alojadas como infancias posibles por madres, padres y terapeutas. Las prácticas de sí, las conformaciones identitarias y los amores que están por fuera del paradigma heteronormativo hoy no están autorizados a vivirse bajo la luz del día, y sólo se despliegan en los espacios intimistas de los baños, habitaciones y “guetos”. En este sentido muchos estudios revelan que el padecimiento que se detecta en algunos niños y niñas y adolescentes no se debe a su elección sino fundamentalmente a la discriminación que reciben.

Desde la perspectiva de una clínica post patriarcal que nos estamos proponiendo sistematizar, podríamos decir que existe una necesidad de seguir desanudando modos históricos de la identidad y la psicosexualidad con respecto de los criterios de normalidad. Pensar desde aquí, nos permite incorporar otro tipo de mirada acerca de las infancias trans, desde una perspectiva que ubique a los deseos parentales en la constitución del psiquismo temprano y en la conformación de la identidad de género de los/as infantes en el marco del derecho. La posibilidad de que padres y madres dejen fluir más libremente propuestas identificatorias no tan “rosas y celestes” para niños y niñas.

Para todas las infancias, incluidas las trans, existe una propuesta identificatoria con contenidos de género, conscientes e inconscientes, emanada desde los/as cuidadores primarios/as, pero también existe un proceso de apropiación activa por parte del/a infante. Y la identidad de género resultante será un precipitado del interjuego intersubjetivo, y por tanto no binario.

Otro aspecto a destacar, es que quienes hemos atravesado las aguas del psicoanálisis con perspectiva de género ya no hablamos de identidades fijas e inmutables. Desde esta perspectiva, también una identidad legitimada en la infancia (en este caso “trans”) no tiene porque ser inevitablemente una y la misma para siempre. Lo cual no quita el derecho a legitimarla social y jurídicamente cada vez que sea necesario.

Lohana Berkins gustaba de decir que ella había apoyado la Ley de identidad de género por razones estratégicas, pero que la misma daba solo la posibilidad de dos identidades: masculina o femenina. Lo cual estratégicamente constituía un avance, pero que no reflejaba la vida de la población trans en su totalidad, caracterizada y necesitada de una “tercera” ubicación, con amplios y fluidos matices.

 

· Débora Tajer ·

Licenciada y Doctora en Psicología (UBA), Magíster en Ciencias Sociales y Salud (FLACSO/CEDES). Profesora Adjunta a cargo Cátedra Introducción a los Estudios de Género y Profesora Adjunta Regular Cátedra Salud Pública/Salud Mental II de la Facultad de Psicología UBA. Investigadora Categoría I UBACyT y Directora de Investigación de Proyectos en Salud, Subjetividad y Género.

 

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