Ferroviarios y la medicina social del siglo XX

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La solidaridad y la unión como elementos distintivos forjaron la identidad de un gremio que no solo fue pionero y referencia en la organización de los trabajadores argentinos sino que también escribió capítulos ineludibles en materia de salud. El repaso de un historia de casi 100 años. 

Introducción

Este artículo se propone recuperar una larga y potente experiencia en el campo de la salud y la seguridad social. Desde los comienzos de la actividad ferroviaria en nuestro país sus trabajadores desarrollaron múltiples acciones para atender los temas de salud y enfermedad de los ferroviarios y su familia. Se trata de esa historia: la construcción sindical y social de los servicios de salud del personal ferroviario y su familia. El período que abarcó fue un siglo. El que va desde 1890 a 1995. A mediados del siglo XX se potenció con el apoyo del Estado; el Gral. Juan D. Perón y el Dr. Ramón Carrillo fueron figuras claves.Los ferroviarios son noticia solo si están vinculados a algún accidente. De vez en cuando se recuerda la historia del ferrocarril como medio civilizador y de comunicación, así como su utilidad como medio de transporte. Pero la larga trayectoria que, desde los inicios de la actividad ferroviaria, los trabajadores desarrollaron para atender los temas de salud permanecen invisibilizados.

Algunos datos históricos

El ferroviario fue uno de los primeros sectores obreros que se organizó como sindicato. En 1887, se fundó «La Fraternidad», Sociedad de Ayuda Mutua entre Maquinistas y Fogoneros de Locomotoras. Su propuesta sindical incluía desde sus inicios la solidaridad y cooperación entre los trabajadores, reivindicando el cuidado y la atención de la salud.

En 1889, La Fraternidad aprueba sus primeros estatutos: “Esta verdadera carta orgánica expresa las necesidades, aspiraciones y modalidades de los obreros del riel”. El artículo uno enumera sus propuestas y dice: “Socorrer a los socios enfermos, a los que quedaran inválidos por accidentes ocurridos en ejercicio de su profesión y acordar socorros pecuniarios a la esposa e hijos del socio que falleciere”(Buenos Aires, 1889).

El ferroviario fue uno de los primeros sectores obreros que se organizó como sindicato. En 1887, se fundó «La Fraternidad». Su propuesta sindical incluía la solidaridad y cooperación entre los trabajadores, reivindicando el cuidado y la atención de la salud.

 

La Unión Ferroviaria se funda en el año 1922. Este sindicato nuclea a trabajadores de vías y obras, almacenes, administración, señalamiento, tráfico y talleres, entre otros. Aunque con identidades diferentes, trabajan en conjunto con La Fraternidad por el acceso a servicios de salud para el personal ferroviario. A posteriori, se conforman la Asociación de Personal de Dirección Ferroviaria (APDFA) en 1957 y Señaleros (S) en 1961.

En agosto de 1936, se aprueba el proyecto del senador Dr. Benjamín Villafañe que otorga un subsidio de $ 300.000 a los gremios ferroviarios. Con este subsidio del Congreso de la Nación y el aporte de un peso por afiliado por mes, en 1940 logran comprar el Hospital Ferroviario Buenos Aires ubicado en la calle Ramón Freyre y Mendoza, en la Ciudad de Buenos Aires. En 1942, en Rosario -uno de los asentamientos más importantes de ferroviarios en el país- se funda el Centro Neumológico Ferroviario Rosario. En 1944, con el decreto 168, se impone la obligatoriedad de la contribución, para el fondo de asistencia previsión social, al personal y a las empresas ferroviarias. El decreto incluía que serían beneficiarios, además de los titulares, sus familiares de primer grado y el personal jubilado y pensionado.

A mediados de los años cuarenta se produce lo que denominamos un círculo virtuoso: los trabajadores ferroviarios, que desde fines del siglo XIX luchaban por desarrollar servicios de salud, suman la decisión política del Estado Nacional de apoyar esas demandas, tanto desde las políticas de salud como con la asignación de recursos para llevarlas adelante. Desde esta teoría y práctica político-social y sanitaria, fue concebida en 1944 la Dirección General de Asistencia y Previsión Social para Ferroviarios. Paralelamente se desarrollaron políticas sociales de trabajo, vivienda y protección social. El Dr. Ramón Carrillo, primer Ministro de Salud del país, entendía la política de la salud pública como obligación del Estado y lo llevó a la práctica desde su lugar en el gobierno. El gobierno del General Juan D. Perón dispuso la donación de varios lotes de la zona de Puerto Nuevo a la Unión Ferroviaria y a la Fraternidad para construir el Policlínico Ferroviario Central (PFC), que comenzó con la atención en consultorios externos en 1952 y se inauguró definitivamente dos años después.

El Instituto de Servicios Sociales para el Personal Ferroviario (INSSPF)

Con la sanción de la Ley 18.290/69 y el decreto 492/95, se conforman once Institutos de Administración Mixta Social (IAMS), conducidos por directorios constituidos por representantes del Estado, representantes gremiales y de las empresas. El Instituto de Servicios Sociales para el Personal Ferroviario (INSSPF) es uno de ellos. Fue administrado por directorios con representantes del Estado, representantes gremiales (La Fraternidad y la Unión Ferroviaria, con voz y voto, APDFA y Señaleros con voz, sin voto) y representantes de la empresa Ferrocarriles Argentinos. En 1985, estos IAMS financiaban el 48% de las erogaciones en salud del conjunto del sector de obras sociales.

Progresivamente, en el INSSPF se inauguraron centros asistenciales en el interior del país hasta llegar en la década del ‘70 y ‘80 a tener sedes propias con 2833 camas y 766.882 afiliados, distribuidos en todo el país siguiendo la lógica de la red ferroviaria de transporte. Pasados los años y en el marco de las privatizaciones y destrucción del Estado de Bienestar, en 1997 el INSSPF se transforma en la actual Obra Social Ferroviaria (OSFE). De 80 efectores propios con sedes pertenecientes al INSSPF se pasó, en un breve lapso de tiempo, a que OSFE contrate a terceros para todas las prestaciones asistenciales y sociales.

Durante la construcción de los servicios de salud ferroviarios se conformó un sistema nacional de salud con identidad y características propias:

  • dimensión geográfica nacional, siguiendo la red ferroviaria;
  • nivel médico-asistencial de alto nivel por sus profesionales;
  • conexión con universidades, residencias y docencia; incorporación de nuevos tratamientos y tecnologías;
  • organización en niveles de complejidad creciente: red de médicos y odontólogos, efectores de mayor y alta complejidad (Policlínicos ferroviarios);
  • actividades programáticas para la salud de su comunidad: programas de salud laboral, programas de alcoholismo, comunidad terapéutica, talleres protegidos;
  • participación de los ferroviarios en todos los niveles.

Hemos descrito una red de servicios de carácter nacional, extendida a lo largo y ancho del país. El PFC era de un prestigio socialmente reconocido. A fines de los años ‘60 incorporó camas de internación psiquiátrica en el servicio de Salud Mental, constituyéndose en pionero de la atención del sufrimiento mental en un hospital general.

Nos interesa subrayar que no solo desapareció el INSSPF con su estructura asistencial, sino que el Estado renunció a sus responsabilidades como garante del derecho a la salud, contemplado en la Constitución Nacional en los artículos 31 y 75 inciso 22. No obstante, la historia de la presencia ferroviaria en salud por más de una centuria es una marca indeleble de la lucha por la conquista del mismo. Es un antecedente histórico ineludible para los necesarios y posible programas de salud, en tanto y en cuanto pone en valor el derecho a la salud. Pensamos que algo se puede aprender de esta extensa experiencia sanitaria. Es un caso, como diría un colega ferroviario, de “conocer para repetir”.


Nota de los autores

Este escrito expresa un objetivo: dejar un testimonio sobre una obra que significa el interés por la vida, que expresa una vocación de servicio a la comunidad. Es un ejemplo que hoy tiene actualidad en nuestro país, cuando se abren tantas perspectivas de trabajo social solidario y participativo y a su vez se retoman políticas neoconservadoras.

El papel protagónico de los ferroviarios en la salud argentina está claro. Pero queremos poner la atención sobre la posición de quienes lo han escrito. Cualquier tema permite diversos enfoques, y seguramente cada uno de ellos tiene fundamentos y pretende ser objetivo. Sabemos que un objetivismo absoluto no es posible, que siempre hay pasión en el origen de todo discurso. Pero… hay gradaciones. La nuestra no se ubica en una posición dicotómica absoluta del tipo “los lindos y los feos” (los buenos y los malos), en que la argumentación se ordena con ese criterio por más arbitraria que sea. Esta expresión la aprendimos de Mariano Tedesco y creemos que siempre tiene actualidad: En su momento la fea era la señora Thatcher y el general Galtieri, hoy es fácil comprender que esa dicotomía no daba cuenta de nada. A nosotros nos interesa el relato de nuestro testimonio en lo que creemos fundamental. Lo callado no es negado pero hemos delineado un dibujo con un trazo que pretendemos positivo.

Esta aclaración puede parecer obvia, por lo que al respecto creemos útil esta afirmación: Heidegger (citado en Feinmann 2010) se pasaba la vida repitiendo cosas. Ignoramos si por excusa o por convicción solía decir: “Lo que se repite se piensa dos veces” y en el pre facio de Nietzsche (Lecciones años 1936-1940) escribía: “En cada cosa sabida se oculta aún algo digno de pensarse”. Este texto está en lucha contra los pensamientos cristalizados, cosificados y dogmáticos. Este despojamiento de todo a priori es la condición del pensamiento crítico. El mayor peligro es atarse a interpretaciones establecidas. No hay nada establecido. Cuando algo se establece, se cosifica. Un pensamiento incuestionable es una cosa. Una cosa es inmodificable. Una roca es una roca. Un pensamiento, al no ser una cosa, está siempre abierto a ser revisado, a tener la dignidad de pensarse otra vez. No hay nada que dejemos atrás para siempre. Todo encierra la posibilidad de volver a ser pensado; volver a ser mirado desde otro ángulo.

Dos expresiones son afines con este enfoque: en una entrevista con el diario Página 12, Evo Morales dice: “Sudamérica ya es la madre de todos los recursos estratégicos del mundo. Tenemos la Amazonia, agua dulce… Es una esperanza para el mundo. Hay que desarrollar una nueva tesis. La tesis de la vida, de la humanidad”. Y la periodista Sandra Russo, en un artículo de Página 12 afirma: “Queremos una sociedad que dé prioridad a la vida por sobre los intereses económicos y políticos; que priorice la igualdad, el progreso, la solidaridad, el libre acceso a la cultura, la sustentabilidad ecológica y el desarrollo, el bienestar y la felicidad de las personas”.

Esta es una visión que aprendimos en gran parte de nuestros años de ferroviarios. Por ello, sentimos la obligación de recuperar esta historia. Es el testimonio de una pertenencia de más de treinta años a la familia sanitaria ferroviaria.

 

· Joaquín Bovisio y Pablo Garaño ·

 Se desempeñó como médico ferroviario entre los años 1957 y 1991. Ocupó diversos cargos, desde la guardia en el PFC hasta ejercer la máxima responsabilidad sanitaria como vicepresidente del INSSPF entre1973 y1975. / Es psicólogo. Fue integrante del equipo de salud del Programa de Salud Ferroviario entre 1986 y 1991.

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